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“En la actualidad, ya existe una conciencia empresarial. Las principales compañías de todo el mundo están empezando a darse cuenta de que sus activos más valiosos son inmateriales. Han descubierto que los valores ya no residen en los materiales o en la maquinaria, ni tan siquiera en los productos, sino en… el potencial innovador y los conocimientos técnicos y especializados del personal…”. (Brooking 1996)

El anterior párrafo narra de manera entusiasta la percepción de la escritora Annie Brooking en el año 1996 en relación a lo que estaba sucediendo al interior de las compañías con la idea de los activos materiales Vs los activos humanos. Una idea grata y reconfortante si eres un empleado de una compañía que comparte la misma ideología que esta autora. En su libro “El capital intelectual” describe como los métodos de trabajo, la relación con los clientes y proveedores se ha modificado en la medida que la tecnología informática se posiciona dentro de las organizaciones en un lugar privilegiado. Describe la relevancia y el protagonismo que han tenido los empleados en una época de adaptación, siendo el factor clave que ha permitido la modificación de las formas de trabajo operando sus tareas desde lugares remotos haciendo uso de las autopistas de la información, entre otras formas diversas de trabajar nuevas en esa época cotidianas en la actualidad.

El concepto de una forma de trabajo diferente revela la importancia del capital intelectual, destaca que el agente clave dentro de la organización es el propio trabajador, más allá de todos los recursos tecnológicos emergentes en ese tiempo. Hoy, todo lo que se consideraba emergente en relación a la tecnología se encuentra por defecto en casi todos las organizaciones, son un activo fundamental, no sé si más fundamental que hace más de 20 años, lo que sí puedo percibir es el desgaste de ese capital intelectual, de esos empleados de grandes y pequeñas organizaciones que a pesar de contar con tecnología (por lo menos un equipo de cómputo) en su área de trabajo se someten a retos nuevos laborales: comunicación efectiva, relaciones interpersonales, habilidades directivas, resolución de conflictos, creatividad, entre otros, donde la tecnología pudiera ya no estar resolviendo.

“Para prestar estos servicios, hemos formado empleados con nuevas técnicas y nuevos conocimientos, y las organizaciones dependen de los individuos que usan los ordenadores como parte de su trabajo diario y cotidiano.” (Brooking 1996)

Coincido completamente con las palabras de Annie Brooking, sin embargo, para nuestros tiempos el capital intelectual se encuentra preparado en el área operativa, careciendo cada vez más de habilidades sociales, herramientas para lidiar y desarrollar relaciones humanas efectivas que les permitan implementar al máximo sus capacidades intelectuales. Lo empleados se encuentran en organizaciones dotadas de recursos materiales y tecnológicos que optimizan sus desempeño pero que condena a los trabajadores a depender totalmente de ello y que en algunas ocasiones los aísla, los aleja, los confiere a permanecer exclusivamente operando un equipo y que en una mayoría importante no les permite interactuar, relacionarse o incluso mantener una conversación cara a cara con sus subordinados o colaboradores. Actualmente nos encontramos confinados a permanecer largas jornadas de trabajo frente a un equipo de cómputo que agiliza los resultados, las respuestas para nuestro clientes pero que evita incluso ver a los ojos a nuestros semejantes.
“..el potencial innovador y los conocimientos técnicos y especializados del personal…”. (Brooking 1996) Tendrán que ser perpetuamente el activo más importante dentro de las organizaciones, por ello, reconocer que la tecnología solo debe ser un complemento a las tareas comerciales, a la prestación de servicios y a la producción y venta es sumamente relevante. Se debe recordar, reconocer y retomar la esencia de las anteriores tareas: interactuarcon alguien, relacionarse con alguien, conocer a alguien, establecer contacto con alguien, hablar con alguien, mirar a alguien. No el elemental concepto de vender, comprar, procesar, elaborar, obtener de forma rápida, expedita, en línea, de forma digital, mediante una video llamada. Reconocer que el valor agregado de un producto o un servicio, de una relación comercial, de una interacción laboral no está denotado en todos los sentidos por lo rápido que obtengo algo o por el medio, sino cómo lo obtengo, de quién lo obtengo, es especialmente significativo encontrar a un semejante con quien se pueda coincidir en estos tiempos donde la tecnología nos consume, donde el empleado pasa de ser un factor importante a convertirse en el protagónico de nuestras relaciones comerciales, laborales y sociales.