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El aceite de palma, un producto que en la actualidad, en ocasiones sin saberlo, se encuentra en muchos productos que consumimos. Se obtiene a partir del fruto de la palma africana Elaeis guineensis, esta palma es un cultivo muy importante en los países asiáticos de Malasia e Indonesia.

En la industria alimenticia es el segundo más utilizado después del aceite de soya. En el campo nutricional este aceite provee en grandes cantidades la vitamina E al igual que contiene varios precursores de la vitamina A, aún más que la zanahoria y el tomate, por tales virtudes al aceite de palma se le puede considerar como un gran antioxidante.

Pero lamentablemente no todo es agradable a la hora de hablar del aceite de palma ya que al igual que sus variantes (grasa de palma y ácido palmítico) al consumirse en grandes cantidades tienen efectos negativos en el organismo, lo peor de esto es que no siempre somos conscientes de cuanta cantidad de estos derivados de la palma consumimos en alimentos procesados. Por poner un ejemplo la grasa de palma aporta hasta un 70% de grasa saturada, misma que en exceso afecta el funcionamiento del corazón, aumenta los niveles de colesterol, produce efectos trombogénicos que derivan en trombos en la sangre. El aceite de palma por su cuenta, es un producto refinado, el cual contiene un 45%  de ácido palmítico, sin embargo al ser refinado por la industria alimenticia deja de ser una grasa con propiedades beneficiosas al perder los antioxidantes, dejando únicamente las propiedades grasas en el organismo. En cuanto al ácido palmítico, se recomienda que su consumo no supere los 8 gramos diarios; lo podemos encontrar en alimentos como la leche materna, la manteca e incluso otros aceites como el de oliva, este último más beneficioso para el cuerpo; al superar los gramos recomendados este ácido aumenta los niveles de colesterol.

Ante todo esto podemos plantearnos algunas preguntas como: ¿Por qué no usar otros aceites y derivados?, ¿si controlo los niveles no daña mi organismo? y la más importante de ellas, ¿por qué en la actualidad se ha iniciado una cruzada en contra de este producto? Lamentablemente por su bajo costo económico en producción, las empresas han optado por adquirir y usar en mayor escala este producto, esto no solo significa que estamos consumiéndolo más, si no que, la demanda del producto está provocando que se afecten zonas boscosas, manglares y selvas para hacer cambio de uso de suelo y pueda extenderse la siembra de la palma africana, afectando a la flora y fauna considerablemente. Uno de los principales afectados por estas prácticas es el orangután de Borneo en Indonesia, ya que la mitad de su territorio lo ocupa el monocultivo de la palma.

En América Latina, en países como: Panamá, Ecuador, Honduras, Colombia e incluso México la depredación de zonas selváticas está siendo cada vez más alarmante, ya que comercialmente se ha vuelto un negocio rentable y una fuente “sencilla” de empleo. En otras zonas del mundo, como Europa, la demanda del aceite de palma ha crecido considerablemente no solo por la industria alimentaria; el aceite ha venido a reemplazar como combustible al diésel. En países como España se comercializa en grandes cantidades como biocombustible, superando las ventas en más de 1500 millones de litros al año. Lamentablemente, asociaciones Europeas en pro del medio ambiente, han catalogado a este biocombustible como un “Fake-Green-Fuel” (falso biocombustible) ya que está comprobado que no disminuye el efecto invernadero ni tampoco las emisiones de CO2 a la atmosfera, pero si propicia la desaparición de selvas en Borneo y Sumatra.

Después de datos tan alarmantes es conveniente considerar, analizar y adoptar prácticas de consumo responsables con el medio ambiente y nuestra salud: de lo contrario pagaremos el precio con nuestra salud y nuestra calidad de vida en este planeta.

Bibliografía: