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En algún momento de la historia cuando se diseñaron los artefactos para la navegación, se identificaron dos cosas:

  1. Que el mar representaba lo desconocido y es por eso que el navegante era mirado como aventurero.
  2. Que cada viaje que emprendía era un iniciar una travesía para regresar distinto, uno en un viaje regresa siempre diferente nunca se es el mismo.

Actualmente se navega de una forma mucho más accesible, navegamos en la red, gracias a la red de internet podemos hablar viendo a una persona en otro país, tenemos acceso a noticias del mundo de manera pronta, parecen muchas las ventajas de la era digital.

Sin embargo no todo lo que viene con esto es bueno la psicoanalista Alicia Donghi   dice que en  esta era podemos correr el riesgo de terminar “tecnogozando”.

Es interesante ver cómo ha cambiado el termino de usuario a consumidor, ahora las personas no importa la edad, el rol están consumidas por las tecnologías, y aquí podríamos preguntarnos si ¿estas han resultado adictivas? y ¿qué efectos ha tenido esta adicción?

Colette Soler menciona que “todo lo que no está prohibido se vuelve obligatorio, la máxima visibilidad se torna imperativo” con esto podemos identificar a las redes sociales específicamente como “un espacio en el que, a medida que exhibimos más de nosotros termina por consumirnos” (Alicia Donghi).

Las redes sociales han sido un instrumento para exhalar el voyerismo, las histerias y por supuesto las carencias; así es como Dondhi identifica un nuevo temor, la creación de un mundo virtual que obliga a las personas a vivir en la esclavitud de un orden social que se rige por las normas del espectáculo.

En las redes sociales se inventa un personaje que supera a su creador, y existe un constante alimentar ese producto que es un representante nuestro pero al mismo tiempo no lo es.

Se crean una vida a partir de imágenes de filtros de sostener un sujeto en lo imaginario.

Es interesante como las personas y sus vidas mismas termina unidas a una máquina, es decir uno va de viaje y se encuentra gente más preocupada por tomar una selfie o grabar un en vivo, en esta modernidad la pregunta será ¿existen alguna alternativa a esta fusión persona-maquina?

“Sin embargo, al prenderse el televisor, o una Tablet, o un Smartphone, o una PC las cosas cambian: se unen las nuevas tecnologías, los sujetos penetran la pantalla, y emerge esta área entre el placer y el malestar en cada muro, en cada escritorio, en la palma de cada mano, en la pantalla fría y brillante de un televisor, un monitor, un teléfono inteligente”. La Compañía de sueños ilimitada escribía Ballard en 1979.

Lacan ya advertía que la tecnología es una herramienta para facilitar la dimensión del hombre-objeto, pasivo ante el derrame externo de máquinas extrañas productos que no cesan de moldear a las personas de esta modernidad.