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(55) 56.77.93.07 y (55) 56.77.91.94

-Alicia pregunta: ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar –dijo el Gato.

-No me importa mucho el sitio… –dijo Alicia.

-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes –dijo el Gato.

 

¿Es posible ponerse andar si saber a dónde queremos ir?

Empezar con un fin en mente significa comenzar con una comprensión clara de su destino, es decir, saber a dónde se está yendo, de modo que se comprenda mejor dónde se está y dar siempre los pasos adecuados en la dirección correcta: ‘saber dónde está el norte’. Empezar con un fin en mente se basa en el principio de que cada acción o plan que deseamos llevar a cabo debemos crearla dos veces: la primera vez debemos visualizarla, imaginarla y pensar cada detalle en nuestra mente. La segunda es materializar esa idea, llevarla a términos físicos y tangibles.

Resulta increíblemente fácil caer en la trampa de la actividad, en el ajetreo de la vida, trabajar cada vez más para trepar por la escalera del éxito, y descubrir finalmente que está apoyada en la pared equivocada.

Cuan distintas son nuestras vidas cuando sabemos qué es lo verdaderamente importante para nosotros, y, manteniendo ese cuadro en mente, actuamos cada día para ser y hacer lo que en realidad nos interesa. Si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada paso que demos no hará más que acercarnos antes al lugar erróneo. Podemos estar muy atareados, podemos ser muy eficientes, pero sólo seremos también verdaderamente efectivos cuando empecemos con un fin en mente.

Todas las cosas se crean dos veces, pero no siempre la primera creación responde a un hecho consciente. Pensemos, por ejemplo, en la construcción de un hogar. Uno lo «crea» con todos sus detalles incluso antes de clavar el primer clavo. Trata de tener una imagen clara del tipo de hogar que quiere. Si uno quiere un hogar centrado en la familia, prevé un lugar adecuado para reuniones familiares. Piensa en puertas corredizas y en un jardín para que los chicos jueguen al aire libre. Trabaja con ideas. Se trabaja con la mente hasta llegar a una imagen clara de lo que uno quiere construir. Después se traza el plano y se elabora el proyecto de construcción. Todo esto antes de trabajar sobre el terreno. En caso contrario, ya en la segunda creación, la creación física, habrá que realizar cambios costosos que pueden duplicar el presupuesto original.

La regla del carpintero es «medir dos veces antes de cortar una». Hay que estar seguro de que el plano, la primera creación, sea realmente lo que uno quiere, que se ha pensado en todo. Después se levanta la casa con ladrillos y cemento. Cotidianamente uno va a la obra y despliega el plano para decidir el trabajo del día. Se empieza con un fin en mente.

En la medida en que comprendamos el principio de las dos creaciones y aceptemos la responsabilidad de ambas, actuaremos dentro de los límites de nuestro círculo de influencia y lo ampliaremos. En la medida en que nos hagamos cargo de la primera creación, reduciremos ese círculo.

En nuestras vidas personales, si no desarrollamos autoconciencia, y no nos hacemos responsables de las primeras creaciones, estamos permitiendo por omisión que otras personas y las circunstancias que están fuera del círculo de influencia den forma a gran parte de nuestra vida. Vivimos reactivamente los guiones que han puesto en nuestras manos la familia, los compañeros, las agendas de otras personas, las presiones de las circunstancias: los guiones de años anteriores, de nuestra educación, de nuestro condicionamiento.

Empezar con un fin en mente significa enfocar mi rol como hijo, compañero, hermano, empleado y mis otros roles en la vida, teniendo claros mis valores y mi orientación.