(55) 56.77.93.07 y (55) 56.77.91.94

Aprender de la propia experiencia se parece un poco a madurar; uno no se siente de pronto más feliz, o más rico, o más poderoso, pero comprende mejor su mundo y puede aspirar a encontrar sentido a lo que le rodea, a lo que ya fue, a aquello que no le toco escoger, pero que tampoco puede cambiar.

En eso se basa el juego de la vida! La vida por alguna razón le ha otorgado a usted cierto número de cartas, para que con todos sus recursos internos y externos; intente una y otra vez crear un juego… un juego cada vez más competitivo y menos resignado.

Algunos jugadores pasan gran parte del partido lamentándose de las cartas que les fueron asignadas, otros de ellos viven deseando intercambiarlas por otras que consideran más valiosas, y otros pocos la pasan quejándose de no haber podido elegirlas a su antojo.

Las cartas son lecciones: la lección del miedo, la del enojo, la carta de la culpa, la del amor, de la pérdida, del poder, de la felicidad. Y cada una de ellas representa una parte importante y significativa de su vida; la tarea es aprender a reconocer de qué forma utilizarla para que se vuelva una oportunidad y ventaja durante el juego.

Supongamos que en algún momento de tu vida experimentaste el miedo al abandono, tus padres o los adultos que tenían que protegerte, tuvieron que salir tanto de casa que creciste teniendo miedo de estar solo; y mientras tu vida transcurría pensabas… “yo nunca voy a dejar solos a mis hijos”. En algún lugar de tu subconsciente se almacenó ese aprendizaje. Te convertiste en padre y… cada vez que sales a trabajar sientes esa inexplicable culpa por dejar a tus hijos, y la asfixiante frustración por estar haciendo lo que una y otra vez te repetiste que no harías.

Sin darte cuenta, no aprendiste nada de tu carta “de tu historia”, no te has dado el permiso de encontrar sentido o propósito a tu lección de vida. Para ello quizá te ayude preguntarte… ¿De qué o para qué me sirvió esa experiencia cuando fui niño?

Y cuando puedas responder con conciencia, honestidad, racionalidad; sólo quizá entonces puedas comprender, que esa carta que te toco vivir de niño, representa oportunidad de agradecer y aprender; para recomenzar nuevos hábitos de vida basados no en la perfección, sino en la realidad.

“Venimos a este mundo para aprender nuestras lecciones;

descubrirlas forma parte del juego de la vida”