(55) 56.77.93.07 y (55) 56.77.91.94 contacto@sicapacitacion.com

La muerte puede significar una cosa para un anciano japonés, practicante de las enseñanzas budistas de aceptación de lo inevitable, y tener un significado distinto para un joven estadounidense de tercera generación, de origen japonés, que ha crecido en la creencia de que uno dirige su propio destino. La muerte solía ocurrir temprano y con frecuencia en la vida de una familia y comunidad, y era una compañera constante en el hogar. Hoy, en la mayoría de los países la gente vive más tiempo, por lo que la muerte sucede con menos frecuencia y es menos notoria.

Las costumbres concernientes a la inhumanacion y remembranza de la persona muerta, la transferencia de los bienes e incluso las expresiones de duelo varían mucho entre las culturas y a menudo son regidas por preceptos religiosos o legales que reflejan el punto de vista de la sociedad respecto de lo que la muerte y lo que sucede después de ella. Los aspectos culturales de la muerte incluyen el cuidado y la conducta del moribundo y el fallecido, el escenario en que suele ocurrir la muerte y las costumbres y los rituales de duelo, desde el velatorio irlandés durante toda la noche, en que los amigos y familiares brindan a la memoria de la persona muerta, a la Shiva judía de una semana de duración, en la cual los dolientes se desahogan y comparten recuerdos del fallecido.

En la antigua Grecia, los cuerpos de los héroes eran incinerados en público como señal de honor. La cremación todavía es una práctica generalizada entre los hindúes en India y Nepal. En contraste, la cremación está prohibida en la ley ortodoxa por la creencia de que los muertos volverán a levantarse para el juicio final y la posibilidad de ganar vida eterna.

En Japón, los rituales religiosos alimentan  a los supervivientes a mantener contacto con el fallecido. Las  familias construyen en el hogar un altar dedicado a sus ancestros, hablan con los seres queridos fallecidos y les ofrecen comida y cigarros. En Gambia, los muertos son considerados parte de la comunidad; entre los nativos americanos, los hopi temen a los espíritus de los muertos y tratan de olvidar a la persona fallecida lo más pronto posible. En Egipto lo musulmanes expresan su dolor con muestras de profunda pena; por su parte, a los musulmanes de Bali se les alienta a suprimir la tristeza, a reír y a estar alegres (strobe, Gergen, Gergen y stobe, 1992). Todas esas prácticas y costumbres diversas ayudan a la gente a enfrentar la muerte y elaborar el duelo por medio de significados culturales conocidos que proporcionan sostén en medio de la turbulencia de la perdida.

La muerte es un capítulo importante del desarrollo humano. La gente cambia en respuesta a la muerte y la agonía, sea la propia o la de un ser querido.

Incluso sin padecer una enfermedad identificable, alrededor de los 100 años – cerca del límite actual del ciclo de vida humana- las personas tienden a experimentar deterioros funcionales, pierden el interés en comer y beber y fallecen de manera natural (Johansson et al., 2004; McCue 1995; Rabbit et al., 2002; Singer, Verhaeghen, Ghisletta, Lindenber y Baltes, 2003; B.J. Small, Fratiglioni, Von Strauss y Backman, 2003). Dichos cambios también han sido advertidos en personas más jóvenes cuya muerte esta próxima. En un estudio longitudinal que se realizó durante 22 años con 1927 hombres, se observaron descensos marcados en la satisfacción con la vida en el año previo a la muerte, sin que importase como calificaran su salud los participantes (Mroczek y Spiro 2005).

Algunas personas que han estado a punto de morir hablan acerca de experiencias cercanas a la muerte, las cuales involucran a menudo la sensación de estar fuera del cuerpo o de ser succionado en un túnel con visiones de luces brillantes o encuentros místicos. Estas afirmaciones son sumamente subjetivas y las escépticas por lo general se interpretan como resultado de los cambios fisiológicos que acompañan el proceso de morir. De acuerdo con un anestesiólogo holandés, es probable que las experiencias cercanas a la muerte se deban a procesos biológicos en el cerebro y que las semejanzas en los informes individuales acerca de las experiencias sean un reflejo de las estructuras corporales comunes que son afectadas por el proceso de morir, en particular, la privación de oxigeno que ocurre en nueve de cada 10 personas agonizantes (Woerlee, 2005). Sin embargo, no todos los que sufren privación de oxigeno experimentan una experiencia cercana a la muerte.

La psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross, en su trabajo pionero con personas agonizantes, encontró que la mayoría de ellas agradecía la oportunidad de hablar abiertamente acerca de su condición y estaba consciente de la cercanía de la muerte, incluso si no se les había comunicado formalmente su estado. Después de hablar con unos 500 enfermos terminales, Kubler-Ross (1969, 1970) bosquejo cinco etapas en el proceso de aceptación de la muerte: 1)negación (“¿Esto no puede estar pasando a mí!); 2)ira(“¿Por qué a mí?); 3) negociar por tiempo extra(2 Si solo pudiera vivir para ver a mi hija casada, no pediría nada más”); 4) depresión y, por ultimo 5) aceptación. También propuso uno progresión similar  en lo sentimientos de las personas que enfrentan un duelo inminente (Kubler-Ross, 1975)

El modelo Kubler-Ross ha sido criticado y modificado por otros profesionales que trabajan con pacientes agonizantes. Si bien las emociones que ella descubrió son comunes, no todos pasan por las cinco etapas y no necesariamente en la misma secuencia.

Desarrollo humano, Papilia, Feldman , editorial: Mc Graw Hill,