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Este síndrome implica una atención sesgada hacia el paciente, es decir, una atención especial; aparecen complicaciones poco comunes precisamente derivadas de un trato distinto al resto de los pacientes.

 

Existen factores que pueden favorecer la manifestación del síndrome, mismo que son corregibles.

• La actitud del propio paciente

• El empleo ineficiente de los recursos sanitarios

• La ausencia de un registro adecuado de datos en la historia clínica

• El cambio en la conducta habitual en la indicación

• La interpretación de los estudios diagnósticos

• El tratamiento de estos enfermos.

 

En cuanto al personal de salud, estas son las condiciones características que ocurren en su desempeño ante el síndrome del paciente recomendado:

1. Falta una dirección explícita en la conducta clínica.

2. No se identifica un responsable último de la actuación y de las decisiones.

3. Es posible que lo atendiera al inicio del tratamiento pero que haya desistido al encontrarse tantos colegas opinando y matizando sus opiniones, más o menos acertadas.

4. Intervienen, opinan, colaboran y, en más de una ocasión, dirigen el tratamiento varios médicos de manera prácticamente simultánea. Unos por obligación, otros por motivo de relaciones familiares o de prestigio, algunos por solicitud del paciente o la familia y un buen número por el mero deseo de colaborar.

5. Las líneas de actuación son variadas e incluso contradictorias porque se marcan al ritmo de la inspiración de los médicos, fuera de los protocolos habituales de tratamiento. Esto es algo que critican incluso los refranes que cristalizan la sabiduría popular (“un médico, cura; dos, dudan; tres, muerte segura”)

6. La atención se deja en manos de facultativos de mayor prestigio y mayor antigüedad.

7. Se desconfía de los profesionales jóvenes.

8. No se tiene en cuenta que pueden atender frecuentemente y con solvencia patologías más complejas.

Las siguientes conductas previenen la aparición del síndrome del paciente recomendado:

• Mantener una atención clínica sustentada en los conocimientos científicos así como otorgar una atención igual que la ofrecida al resto de los pacientes.

• Examinar periódicamente la propia conducta ante estos pacientes para detectar y corregir las desviaciones que se puedan introducir en la práctica habitual

• En los “recomendados” se procura a dar la misma atención pero con más esmero. Esto no debería contraponerse con el imperativo de aplicar el criterio de justicia en el trato con todos los pacientes. De hecho, el mejor modo de prevenir el “síndrome del recomendado” es intentar mantener unas líneas de actuación básicas comunes a todos los enfermos.

• Identificar en todo momento a quien hace cabeza, dirige o supervisa todo el tratamiento. Es decir, también los pacientes más relevantes deben tener un médico responsable, que sea el punto de referencia (para el paciente, para la familia y para el resto del personal sanitario) que unifique y que mantenga un criterio común.

• Mantener los mismos criterios de prudencia de cara a los estudios diagnósticos y a los tratamientos que se emplean con los demás pacientes.

• Evitar la repetición inútil de estudios. Solicitar la opinión de especialistas no vinculados con el caso para que den una valoración no condicionada de los resultados de determinadas pruebas diagnósticas.